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Reflejo: Desierto y tormenta

-¡Maldita sea! ¿Por qué siempre tiene que pasar durante mi guardia? -Luis corría a toda prisa por la muralla de la fortaleza mientras las balas silbaban a su alrededor.

Era la segunda vez en la misma semana que el Imperio de los Mil Años atacaba la pequeña fortaleza del Rayo Divino. El Sinreflejo no entendía realmente el por qué de tanta insistencia. Aquel edificio llevaba allí años y hasta que él llegó, hacía ya un mes, no habían parado de intentar acabar con todos sus habitantes. Hasta ahora habían sido afortunados. En la última ocasión los exploradores del Imperio no consiguieron detectar las minas que habían colocado en la arena y cuando estallaron pusieron en estado de alerta a todos los habitantes del viejo edificio. Parecía que esta vez habían aprendido.

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La alarma sonó con su estridente sonido cuando Luis presionó el botón. Rápidamente empezaron a escucharse los primeros gritos de alerta en el interior de la fortaleza. Cauto, se protegió detrás del muro intentado localizar a los atacantes. Su musculado pecho subía y bajaba rápidamente debido a la fatiga y el sol, aún más implacable en el desierto del Mundo Oscuro , evaporaba rápidamente las perlas de sudor de la morena piel del soldado.