Saltar al contenido

Relato: Flora y fauna

Hacía tiempo que vagaban de pueblo en pueblo sin un rumbo predestinado. Se alojaban en lugares deshabitados y callejones inmundos siempre que estos les ofrecieran una mínima protección. Habían aprendido por las malas que debían evitar los lugares dónde fuese fácil encontrarles.

Norman se quitó su raída chaqueta tejana y cubrió con ella a la adolescente dejando que la helada noche hiciera mella en su propio cuerpo.

El callejón apestaba a comida podrida. Aún así estaba seguro que si rebuscaba entre la basura encontraría alguna cosa útil para que al menos Helen pudiera combatir la hambruna. Le debía su vida a la niña y estaba predispuesto a entregar la suya a cambio de protegerla. Entre ellos no eran necesarias las palabras. Desde que murió Alan la niña no había vuelto a hablar y su relación se basaba en algo puramente instintivo donde el tacto, la vista y el olfato se habían convertido en los sentidos primordiales. Después de todo quizás si se parecía más a los animales que a los seres humanos. Aún así, no necesitaba más.

El cuerpo de Norman se puso a la defensiva sin que su mente hubiese captado aún aquello que los amenazaba. Puso tras de sí a Helen para protegerla y agudizó sus sentidos buscando la fuente del peligro.

Poco a poco su olfato delató que en aquel oscuro callejón había alguien más. El olor a basura fue disminuyendo paulatinamente a medida que era substituido por un perfume refrescante a la vez que salvaje. Sus fosas nasales quedaron inundadas por aquel olor quedando totalmente inutilizadas para captar cualquier otro tipo de efluvio. Aquello sólo podía significar una cosa. Le habían encontrado de nuevo.

El sonido de unos pasos pausados, producidos seguramente por unos zapatos femeninos, se acercó a su posición. Una mujer peliroja, esbelta, de gran hermosura, vestida de forma impecable con una falda blanca y una camisa a juego, se detuvo a escasos metros de la pareja. La luz tintineante de una vieja farola la iluminaba de forma intermitente permitiendo que Norman contemplara unos ojos de un verde intenso y una sonrisa sensual que dejaba entrever unos dientes perlados.

-¿Cuántos años han pasado desde la última vez que nos vimos hermano? – la voz de la mujer recordaba el ruido del agua de un riachuelo que discurre alegremente por la verde campiña.

Norman dejó escapar un sonido gutural desde lo más profundo de su garganta a la vez que se preparaba para lanzarse contra la mujer en caso que fuera necesario.

-Creí que habías conseguido controlarlo. Cálmate hermano, no he venido por ti, si no por la niña. No sé para qué la quieren ni me interesa. Así que apártate y no tendré que hacerte daño.

El cuerpo de Norman continuaba en tensión a medida que la mujer hablaba. Sus ojos se movían rápidamente de un lado a otro estudiando el terreno para tomar ventaja en la batalla o para encontrar una ruta de escape con tal de poner a Helen a salvo.

-Flora déjanos en paz o tendré que matarte.

Recordaba a aquella mujer de su infancia. Tan salvaje como él le había perdido el rastro cuando se dejó llevar por su parte animal. Era una excelente cazadora, incluso mejor que él. Realmente iba a ser una dura lucha si Helen se encontraba cerca. No podía dejar que ella tomara la iniciativa.