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Reflejo: Desierto y tormenta

-¡Maldita sea! ¿Por qué siempre tiene que pasar durante mi guardia? -Luis corría a toda prisa por la muralla de la fortaleza mientras las balas silbaban a su alrededor.

Era la segunda vez en la misma semana que el Imperio de los Mil Años atacaba la pequeña fortaleza del Rayo Divino. El Sinreflejo no entendía realmente el por qué de tanta insistencia. Aquel edificio llevaba allí años y hasta que él llegó, hacía ya un mes, no habían parado de intentar acabar con todos sus habitantes. Hasta ahora habían sido afortunados. En la última ocasión los exploradores del Imperio no consiguieron detectar las minas que habían colocado en la arena y cuando estallaron pusieron en estado de alerta a todos los habitantes del viejo edificio. Parecía que esta vez habían aprendido.

luisdostorres

La alarma sonó con su estridente sonido cuando Luis presionó el botón. Rápidamente empezaron a escucharse los primeros gritos de alerta en el interior de la fortaleza. Cauto, se protegió detrás del muro intentado localizar a los atacantes. Su musculado pecho subía y bajaba rápidamente debido a la fatiga y el sol, aún más implacable en el desierto del Mundo Oscuro , evaporaba rápidamente las perlas de sudor de la morena piel del soldado.

-Uno…. dos…. tres…. no lo entiendo. ¿Son sólo tres? ¿Cómo esperan acabar con la fortaleza con sólo tres personas? – Luis se recogió su largo pelo dorado en una coleta para evitar que con el viento le dificultara la visión- Tiene que haber alguno más…. venga Luis descubre dónde está la trampa.

Sus compañeros fueron tomando posiciones en el muro que rodeaba la fortaleza intentando descubrir la naturaleza de su enemigo. El obispo, vestido con su imponente armadura del Rayo Divino, se situó al lado de Luis mientras calibraba el peligro.

-Vamos gandules. ¿Estado de la situación? – la voz del general resonó por toda la fortaleza.

-!Sin novedad en el este!
-¡Sin novedad en el oeste!
-¡Nada al norte señor!

El obispo era una persona curtida en el combate. Luis había coincidido con él en alguna ocasión y su fama de duro guerrero le precedía. A pesar de no pasar de los cuarenta años, el cuerpo del obispo parecía envejecido debido a la gran cantidad de cicatrices que cruzaban su rostro. Aún así, como muchos de los reclutas no tardaban en descubrir, el comandante de la fortaleza seguía siendo tan ágil como cualquier chaval de veinte años.

Luis miró a través de los prismáticos una vez más mientras se atusaba su espesa barba.

-No me gusta esto jefe. Parece que tan sólo son tres. Además sólo disparan dos, uno de ellos parece ser una especie de sacerdote fanático o algo así y que únicamente murmura vete tu a saber qué maldiciones.

El obispo arrancó los prismáticos de las manos de Luis y contempló a los atacantes.

-¡Joder! Los malditos cabrones se han traído un domador. ¡Abandonad los muros! ¡Coged las armas pesadas!

Luis no entendía lo que sucedía. No llevaba más de un año dentro de la Cábala del Rayo Divino. Hasta el momento sólo había realizado misiones en el Mundo de la Luz y aquél había sido su primer destino al otro lado del Reflejo. Realmente no resultaba demasiado esperanzador.

El Obispo le dio un puñetazo a Luis.

-Reacciona joder. No es momento de soñar despierto. Baja antes de que sea demasiado tarde.

Como si aquellas palabras hubieran sido un detonante, la arena del desierto situada a una veintena de metros por delante de ellos estalló cubriendo su campo de visión completamente. Una grandiosa sombra pareció emerger detrás de aquella nube y el sonido del viento se mezcló con algo parecido a un susurro.

El resto de soldados ya se habían situado en el centro a la vez que se armaban con armas de gran calibre y preparaban un lanzacohetes para enfrentarse a lo que fuera aquella cosa que había emergido de la arena. Luis no tenía ni idea de qué hacer, él era bueno en el cuerpo a cuerpo y no creía que fuera demasiado conveniente enfrentarse a algo que le superaba en tamaño veinte a uno.

Encima del muro el obispo alzó una mano y desencadenó su poder. Del cielo, a pesar de estar completamente despejado de nubes, surgió un poderoso rayo que estalló al otro lado del muro. Lo que fuera que estuviese allí fuera debería haber muerto. Nadie era capaz de sobrevivir a uno de los rayos del obispo. Pero tras el impacto tan sólo hubo un extraño ruido mezcla de dolor y de rabia.

Un gran golpe sacudió el muro de la fortaleza y el obispo salió despedido hacia atrás cayendo en la arena. Las paredes empezaron a resquebrajarse como si algo las presionara con una fuerza sobrehumana. Fue entonces cuando Luis descubrió a que se enfrentaba. La cabeza y parte del cuerpo de una gigantesca serpiente asomaron por encima del muro mientras siseaba de forma amenazadora a los soldados.

-¡Joooooder. Oh mierda, oh mierda!- Luis se retiró al almacén para hacerse con algún arma con la que poder enfrentarse a semejante demonio surgido de la arena de aquel infierno del Mundo Oscuro.

Las balas empezaron a silbar en el aire a medida que los Sinreflejo vaciaban los cargadores de sus armas intentando acabar con aquella criatura. Nada parecía capaz de traspasar la gruesa piel de aquella bestia. Incluso el misil que le lanzaron certeramente a la cabeza tan sólo consiguió enfurecerla aún más.

La serpiente tomó aire por un momento y después abrió la boca, talmente como si fuera a devorar a todos los soldados allí presentes, pero en su lugar de su boca surgió una nube de gas verdoso.

El obispo consiguió recuperarse de la caída

-Veneno! No respiréis ese gas si queréis ver un nuevo día. ¡Vamos maldita! Ven a por mi se te atreves. ¡Voy a rajarte la cabeza y me daré un festín esta noche con tu carne!

No todos los soldados consiguieron reaccionar a tiempo y algunos cayeron al suelo retorciéndose agónicamente de dolor. Sin saber qué hacer fueron retirándose hacia la parte posterior de la fortaleza. Ningún lugar parecía seguro. Aquí y allí podían verse grietas en el muro causadas por lo que parecía ser aquella misma serpiente monstruosa. ¿Qué tamaño debería tener la bestia para ser capaz de rodear el edificio completamente con su cuerpo y aplastarlo como de si un indefenso animal se tratara?

Luis contempló el almacén buscando algo que le pudiera ayudar, tan sólo algunos vehículos y las armas que acostumbraba a usar en los combates cuerpo a cuerpo. Negando con la cabeza se dirigió a una de las motos.

-Yo estoy loco…. yo estoy loco… esto no va a salir bien.

El vehículo salió del almacén a toda velocidad y derrapó hasta quedarse en mitad de la fortaleza levantando una ola de arena tras de sí. Luis contempló la escena y se aseguró que la lanza que llevaba a la espalda estuviese bien sujeta.

Prácticamente todos sus compañeros habían caído derribados por cascotes o por el aliento venenoso de la sierpe. El obispo volaba rápidamente alrededor de la cabeza de la serpiente luchando con lo que parecía ser una espada formada completamente de electricidad a la vez que varias criaturas compuestas por el mismo elemento lanzaban descargas contra una serpiente cada vez más furiosa y que parecía haber perdido tan sólo un ojo en aquella dura batalla. El ofidio había abandonado la destrucción del edificio y a pesar de su gran tamaño se movía rápidamente por la arena intentando atrapar con sus grandes colmillos a aquellos insectos que revoloteaban a su alrededor.

Se oyó un único disparo y una explosión de sangre surgió del pecho del obispo.

Tan concentrado estaban todos en la batalla contra la serpiente que se habían olvidado de los soldados del Imperio que se encontraban en el lugar.

El obispo aguantaba a duras penas en el aire pero se negaba a abandonar la lucha. Su deber era acabar con todos los demonios del mundo oscuro. A una orden suya las criaturas eléctricas se lanzaron contra los soldados del Imperio mientras él lanzaba estocadas cada vez más débiles contra la serpiente. El ofidio no dudó ni un momento y aprovechó la oportunidad. Dando un golpe de cola al obispo le desequilibró totalmente consiguiendo que perdiera toda estabilidad en su ya de por sí difícil vuelo. Entonces lanzó su dentellada mortal. El cuerpo del obispo se movía como un muñeco de trapo en la boca de la monstruosa criatura.

Luis empezó a dar gas a la moto mientras lanzaba un grito de guerra. Ante sí se encontraba parte del muro derribado que formaba una rampa.

-Lo he visto en las películas…. ¡Esto tiene que funcionar! ¡Oh Dios! ¡Oh Dios! BANZAAAAAAAIIII.

La moto salió disparada hacia adelante subiendo la rampa a toda velocidad. Finalmente el suelo desapareció bajo las ruedas a medida que la cabeza de la serpiente se encontraba cada vez más cerca. Ésta contempló con su ojo tuerto el vehículo que se acercaba a dónde ella se encontraba. Se limitó a apartarse de su trayectoria como si se tratara de una simple molestia.

Luis cogió la lanza con ambas manos y sonrió.

-¿Crees que te has salvado?

Los pies de Luis se iluminaron cargados de energía psíquica y su cuerpo salió disparado en pos de la cabeza de la serpiente a una velocidad increíble dispuesto a acabar con el ofidio.

La monstruosa criatura fue incapaz de reaccionar esta vez desprevenida por el ataque del Sinreflejo. El impacto fue certero. La lanza se clavó a través del ojo sano de la serpiente internándose en el cerebro de la bestia. Con un grito agónico el ofidio soltó a su presa y cayó al suelo mientras su cuerpo se sacudía con violentos espasmos.

-¡Toma esa hija de la gran puta! ¡Conan, aprende cómo se hace!…. ohhh oh…. oh ¡¡¡¡¡¡Mierda!!!!!

Desprovisto del impulso generado por sus poderes psíquicos el suelo empezaba a acercarse a gran velocidad. Tras el impacto y un duro crujido Luis se incorporó como pudo seguramente con uno de los brazos rotos. Cerca de allí los soldados del Imperio se encontraban calcinados en el suelo debido a los ataques de las criaturas del obispo.

-¡Obispo! ¡Obispo! – Luis se acercó rápidamente al cuerpo de su comandante.
-Hijo …. hijo mío – la sangre salía a borbotones de su boca – Es hora de partir…. encuentra – un dolor recorrió todo su cuerpo y contrajo su cara a medida que la vida se le escapaba de entre las manos. – Encuentra a Nilstar … Hermético… dile – los ojos se fueron cerrando a medida que las últimas fuerzas le abandonaron – que ha vuelto.

Luis contempló la destrucción a su alrededor. No podía permanecer mucho tiempo en aquel lugar por si venían más soldados del imperio. Ni tan siquiera podía dar un digno entierro a sus compañeros.

Maldiciendo su suerte empezó a caminar por aquel desierto sin fin del Mundo Oscuro.

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