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Stormlovick: Sangre

* Plick, plick *
El caer de las gotas de su propia sangre le devolvió al mundo de la consciencia.
-Por fin despiertas. Creí que a los de la Corporación os entrenaban mejor.
¿Cuánto tiempo había pasado desde que aquel psicópata ruso le metió en aquel cuartucho? Había escuchado hablar de Stormlovick; sabía lo que podía llegar a hacer; pero era la primera vez que lo veía en acción, y seguramente también sería la última.

stormlovick
Algo se revolvió en su estómago. No pudo evitar vomitar mezclando la bilis con el charco que se había ido formando a sus pies con la sangre derramada en las interminables horas que llevaba allí. Acababa de perder las últimas fuerzas que le quedaban.
-¿No pensarás ni por un momento que esto tiene que ver con esa estúpida guerra verdad? Poco me importa que seas de la Corporación y que yo sea de la Sangre. Lo que realmente me importa es que eres uno de los pocos compañeros de Jeremiah que quedan con vida. Esa es mi verdadera guerra. Que yo haya acabado aquí es tan sólo fruto del azar, una forma afortunada de haber conseguido el poder necesario que me permitirá destruir a Jota de la misma forma que él destruyó mi cuerpo.
Poco a poco su vista se fue aclarando. Ante él, el rostro completamente destrozado por las quemaduras que podría haberle hecho la competencia al mismísimo Freddy Krueger. Stormlovick acariciaba la sangre fresca que goteaba del cuchillo mientras le contemplaba con mirada impasible. Si estaba disfrutando de aquello, no lo demostraba. Maldita sea. Jeremiah había carbonizado a aquel cuerpo. Pero el ruso sobrevivió y ahora todos pagarían las consecuencias ¡Estaba loco!

-Siento decirte que no has tenido suerte. La mayoría de compañeros de ese bastardo han tenido una muerte rápida. Pero tú eres especial. Vas a convertirte en mi banquete. Tu sangre y tu dolor me darán el poder que necesito. Hoy Jeremiah no tan sólo te perderá a ti, sino que también perderá a esa pequeña putita que siempre le acompaña. ¿Leonora? Sí, veo que he acertado.

No quedaba esperanza alguna, sabía que no saldría con vida de aquel lugar. Llevaba horas sufriendo las torturas de aquel psicópata. Debía reconocer que si aquello fuera un arte, él sería uno de los mejores maestros de estos tiempos.

-Eres el último que queda, después, será el turno de los Hijos del Lobo. Esa maldita manada de Sinreflejo que tantas veces han impedido que acabe con la vida de ese bastardo. Pero esta vez les iré cazando uno a uno, como he hecho con el resto. Pero aún quedan muchas cosas por hacer, tendrán un respiro. De momento les necesitamos con vida, al menos a la mayoría. Para ti ésta será la última noche. Con tu muerte yo renaceré.

Stormlovick le fue arrebatando piezas de carne en finas lonchas con su cuchillo, El dolor era insoportable. Debajo de él, el charco empezó a burbujear. Primero fue uno, pero poco a poco, decenas de seres de aspecto demoniaco surgieron de aquel lugar, compuestos por la misma sangre de la que habían nacido.

-Id hijos míos, controlad los movimientos de los lobos y preparad mi gran llegada. Sed mis ojos, mi vista y si hace falta arrancadle el corazón a uno de esos bastardos para que sepan que no se trata de ninguna broma. Que sientan la furia de su propia sangre.

Las criaturas revolotearon por la habitación y se perdieron en las sombras. A su vez, una voz femenina surgió de la oscuridad.

-Preciosos Stormlovick. ¿Éstá todo listo?
-No deberías estar aquí mujer. No era lo acordado.
-Me aburría y quería ver cómo iba todo. Además, ¿él está a punto de morir no es así? Sabes… siempre me he preguntado de qué tamaño la debes tener cuando cambias.
Vio surgir de las sombras una mujer de piel morena, tan hermosa como salvaje. A penas llevaba ropa encima, pero en cada uno de sus brazos una serpiente enroscada siseaba ante el olor de su sangre.
Stormlovick se acercó a aquella desconocida y la besó. Era repugnante. ¿Cómo podía besar aquella belleza al horror de cara deforme? Le quitó la pequeña tela semitransparente que le cubría los senos y vio como se acercaba a ellos para recorrer los negros pezones con su lengua. La mujer gemía de placer mientras le quitaba a su vez la mugrienta gabardina al torturador y le arrancaba la ropa a tiras. Ambos quedaron completamente desnudos. Uno con el cuerpo plagado de quemaduras resultaba repulsivo. La otra, la manzana prohibida que nunca iba a poder probar.
El ruso se acercó a él con el cuchillo en mano envuelto por los brazos de aquella mujer mientras las serpientes le observaban con aquellos fríos ojos.
-Es la hora.
Tomó una de sus manos y estiró de ella para que el brazo quedara completamente tendido. No pudo resistirse.
-Sabes… muchos creen que para cortarse las venas debe realizarse un corte horizontal. Ven demasiadas películas. Con eso tan sólo consiguen cortarse los tendones y con un poco de suerte perder la movilidad de la mano de una forma estúpida. Si quieres que alguien se desangre el corte se debe realizar de forma vertical. Así. Un poco de agua caliente ayudaría, eso es cierto. Pero a mí me interesa que tu muerte sea lenta. Disfruta del espectáculo mientras puedas. Será lo último que hagas.
Stormlovick se giró hacia la mujer con su miembro totalmente erecto. A pesar de las profundas quemaduras que habían destrozado toda su piel no parecía haber perdido su funcionalidad. La mujer lo contempló y lo agarró con su mano acariciándolo suavemente mientras dirigía sus labios hacia los del hombre.
Las serpientes, como si quisieran participar de aquel macabro ritual, avanzaron por los brazos de la mujer y se enroscaron alrededor de sus senos a la vez que mordían con sus afilados dientes los negros pezones. La mujer gimió de placer.
A medida que su sangre caía desde el brazo hasta el charco, una macabra transformación tuvo lugar. La piel de Stormlovick empezó a estirarse, sus quemaduras desaparecieron, y todo su cuerpo se volvió de un tono rojizo. A su vez, el ruso creció ante sus confusos ojos hasta llevarle más allá de los dos metros de altura.
Su torturador atrajo la mujer hacía así y la penetró salvajemente una y otra vez con aquel miembro que también había crecido hasta proporciones descomunales. La mujer no podía parar de gemir de placer mientras echaba su cuerpo hacia atrás dejando que aquel ser la poseyera completamente. Las serpientes continuaban apretando sus senos sin soltar su presa en los pezones de la mujer.
Su vista se enturbió una vez más a medida que el líquido vital seguía abandonado su cuerpo. La oscuridad se apoderó de toda la sala. Ya no estaba seguro de nada. En la cabeza del ruso surgieron dos grandes cuernos y en su espalda dos grandes alas. Delante de sí ya no estaba Stormlovick, si no un enorme demonio surgido del averno que continuaba embistiendo a la mujer.
El ser echó atrás a su cuerpo y gritó al cielo a la vez que derramó su semilla sobre el moreno cuerpo de la mujer. Las serpientes a su vez soltaron su presa dejando que algunas gotas de sangre de la mujer se mezclaran con aquel espeso líquido surgido del ruso.
Stormlovick se giró hacia él. Le miró por primera mostrando un sentimiento. Una sonrisa repulsiva.
-Es increíble que incluso habiendo perdido tanta sangre te hayas conseguido empalmar.
Se agachó y metió la mano en la sangre del suelo. De ella sacó una gran espada que debía medir al menos tanto como él.
Ni tan siquiera llegó a sentir el corte. Simplemente su cabeza se desprendió.
Joder Jeremeiah, joder, ten cuidado.
Todo llegó a su fin.

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